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Difusión literaria en 140 caracteres por vez

Jueves 16 de Febrero de 2012, 16:27 | Categoría: Uncategorized

Héctor Torres*

   Hace menos de veinte años el asunto se limitaba a un puñado de sitios de bajo costo, sin mucho rigor en el diseño, más artesanales que experimentales, que eran alojados en hostings gratuitos. Esos primeros sitios, al menos en lo que concierne a la divulgación de contenidos literarios, fueron experiencias tan asombrosas como precarias y marginales. Un puñado de revistas (aún no se acuñaba el término “portales”) que se podía consultar en computadoras que estuviesen conectadas a Internet. En ese entonces, por cierto, “computadoras”, “redes”, “Internet”, no eran términos indisolubles.

   Las empresas relacionadas con la industria editorial, en general, no se mostraban muy interesadas en aventurarse a invertir en algo que no sólo no era masivo, sino que además parecía riesgoso y difícil de asimilar por las grandes audiencias. De hecho, no parecía aportar nada a los medios de publicidad y promoción que conocían y los cuales servían perfectamente a sus propósitos.

   Veinte años transcurrieron para que el mundo fuese, literalmente, otro. Desde esta perspectiva del tiempo, el mundo todo está prácticamente en “la red”. Lo que comenzó como un extravagante pasatiempo (“Ajá, pero, ¿dónde se puede ver esa revista?”), terminó siendo no ya un mundo paralelo, sino la ventana al mundo. El famoso Aleph de Borges. El mundo en su versión digital.

*

   Durante las primeras fases de su masificación, era como asistir al nacimiento de una galaxia deshabitada, poblándose de forma incesante y arbitraria día tras día. Una nebulosa de URL´s sin concierto. Miles, primero; y luego millones de puertos a los que había que conocerle sus coordenadas precisas, usualmente imposibles de memorizar o siquiera de repetir, para poder llegar a ellos.

   De allí la importancia de los directorios (Auyantepuy, por nombrar al más famoso de los  venezolanos), que fueron una solución del mundo físico adaptada al mundo digital. Luego llegaría Google, con sus poderosos algoritmos, marcando un antes y un después. La red comenzaría entonces a tener sentido lógico para el usuario: ya no se buscaba por direcciones sino por contenidos, indistintamente de su ubicación en un espacio que se mostraba cada vez más infinito.

   Pero, aún con la llegada de Google, seguíamos viviendo en un vasto archipiélago. Debíamos saltar de un sitio a otro. O lo que es lo mismo: salíamos de un sitio para entrar en otro. El único punto de convergencia era, precisamente, la lacónica pantalla blanca del ahora indispensable Google. Esa dispersión del contenido (o, más bien, esa ausencia de espacios de confluencia de los usuarios en unos pocos sitios comunes) impulsó la necesidad del próximo paso: poder congregar la mayor cantidad posible de usuarios en unos pocos sitios. Que es como decir, convertir comunas, caseríos y pequeños pueblos en verdaderas polis.

   Esas polis, esas plazas a las que todos acudimos y en la que nos encontramos con otros usuarios y con los contenidos que nos pueden interesar, son las redes sociales (Youtube, Facebook, Twitter…), en donde todos producimos los contenidos que todos consumimos. El famoso término “navegar” dejó de tener sentido. En adelante los usuarios confluyen en comunidades en las que converge toda la información que está en la red.  El éxito de convocatoria de esas comunidades, entre otros, estriba en que: a) nos agrupamos por intereses afines, b) todos somos localizables de manera más o menos intuitiva, y c) en ellas las relaciones son horizontales.

*

   A mucha gente puede no interesarle ser tan localizable, pero a un importante porcentaje de la población, razones económicas de por medio, sí le interesa. En un universo que todo lo contiene, ser localizable supone estar “visible”. Y supone, por consiguiente, un incremento potencial de ventas, clientes, contactos, posibilidades en general.

El interés se concentra, entonces, en ejercer la mayor influencia posible dentro de esas comunidades en las actividades que los congrega. Las estrategias apuntan a destacar y a expandir su voz dentro de las redes a las que pertenece. Nada distinto del mundo como era antes, pero en una escala que no era concebible entonces.

   Por tanto, ya a las “marcas” (inclúyase en marcas a todos nosotros, que tenemos nuestros blogs, posteamos nuestros textos y promocionamos nuestros eventos, noticias y publicaciones) no les basta tener un sitio en Internet, ahora deben tener cuenta en las principales redes sociales, porque ello supone estar presente donde la gente busca información. Como nunca antes, el capital social es un activo que cualquiera puede incrementar a niveles asombrosos y a un costo relativamente bajo. Por eso se le dedica tanta energía a seguir aumentando esa presencia.

   Y si una comunidad es muy apetecible para todo el que quiera estar a la vista es, precisamente, la red de microblogging Twitter. Con un promedio de 150 millones de tuits diarios y un incremento continuo y acelerado de su uso a través de dispositivos móviles, Twitter es la red preferida de los usuarios para recibir información fresca del mundo, segundo a segundo.

*

   Twitter se convierte, entonces, en la plataforma de divulgación de contenidos literarios a la que debemos apuntar con más interés a la hora de dirigir nuestros esfuerzos de promoción y divulgar nuestro trabajo. Es un generador de titulares de noticias para llevar tráfico a nuestros sitios (sean nuestros propios blogs, o sean otras redes como Facebook y Youtube) y un poderoso medio de difusión de nuestras noticias.

   Pero tener una cuenta en twitter supone tiempo y creatividad para mantener esa presencia e inducir a otros a que nos ayuden a divulgar nuestras noticias. Lo cual supone ciertas premisas básicas, como saber generar empatía en los demás, poseer espíritu colaborativo y solidario y desarrollar las estrategias adecuadas para tener presencia en ella de manera eficiente. Supone, además, aprender a desarrollar reglas propias y respetar las más o menos ya establecidas para una convivencia sana y productiva. Esto último es el resultado de mucha intuición y mucha atención.

   Twitter es una comunidad de iguales. O, al menos, en teoría lo es. Digamos que uno de sus principales encantos es su horizontalidad en el trato. Todos disponemos de las mismas condiciones para comunicarnos. Los famosos y las poderosas corporaciones que entran en su juego poseen los mismos 140 caracteres por tuit para expresar una idea, por decir algo, que nosotros cuando difundimos las actualizaciones de nuestros blogs o informamos que nos ganamos un modesto premio local.

   El mundo del libro en Venezuela tiene un entusiasta movimiento dentro de esa red. Editoriales, librerías, revistas, instituciones, distribuidoras, agrupaciones, intercambian información a diario con profesores, libreros, periodistas, autores y lectores. Interesantes iniciativas, segmentadas hacia el área del libro, han surgido de los mismos usuarios, para facilitar el flujo de esa información de interés. Tal es el caso del hashtag #LibroDelDia o la cuenta @queleer, que ronda los trescientos mil seguidores. Desde @ficcionbreve, además, se ha comenzado a sistematizar esa presencia en listas agrupadas por cuentas venezolanas relacionadas con a) librerías, b) editoriales y distribuidoras, c) revistas literarias y d) autores con obra publicada.

   Todo un universo que comienza a tomar forma para aprovechar al máximo la posibilidad de difundir los contenidos literarios, no sólo entre los lectores venezolanos, sino para proyectarlos fuera de nuestras fronteras, en el momento ideal en el que, precisamente, comienzan a aparecer los libros digitales.

   El asunto apenas comienza. Twitter puede convertirse en una poderosa plataforma para la difusión de literatura venezolana, cuya presencia en esa red es tan significativa como la de otros países de la región. Mientras más grande sea esa comunidad, mayor contenido generará y mayor alcance tendrá. Ojalá sepamos aprovecharla para que podamos difundir, fuera de nuestras fronteras físicas, una literatura que es tan buena como cualquiera que se está haciendo en el continente.

 * Escritor

 co-fundador y editor del portal Ficción Breve Venezolana

@hectorres

http://www.hectorres.net

 

 

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¿En qué anda el rock venezolano?

Jueves 9 de Febrero de 2012, 10:27 | Categoría: Nuestros artículos

Juan Carlos Ballesta*

 

   Vivimos un momento de esplendor, como nunca antes había ocurrido durante las décadas previas, aunque hemos pasado por picos importantes que han influido directamente en el presente. El crecimiento no se circunscribe solo a Caracas, sino que el país completo es un hervidero que produce bandas con una frecuencia sorprendente. Todavía hay muchos aspectos que mejorar para alcanzar niveles de competitividad notables para poder proyectarnos definitivamente dentro y fuera de nuestro país.

   Muchos aseguran que el rock venezolano está viviendo en esta década el mejor momento de su historia. Otros, los menos, piensan que todavía no superamos momentos estelares de los años 70, 80 y 90. Obviamente, lo que sí está claro, es que hoy cosechamos la siembra de todas esas décadas pasadas, llenas de aciertos y desaciertos, de éxitos y satisfacciones. Las percepciones suelen variar según la perspectiva desde la que se analice y la edad de cada quien. Los que vivieron y protagonizaron los años 80, por ejemplo, aseguran que aquellos años de efervescencia –y también de mucha ingenuidad– no se repetirán y que en buena medida esta generación actual de bandas se ha beneficiado de varias décadas de trabajo. Sentimiento Muerto, Desorden Público, PP´s, La Misma Gente, Témpano, Seguridad Nacional y otros protagonistas de los 80 han dejado su impronta y, qué duda cabe, siguen siendo referencia. Otros argumentan que fue en los años 90 cuando se cimentó el rock venezolano gracias a festivales, discos, cierto apoyo mediático y bandas como Dermis Tatú, Zapato 3, La Muy Bestia Pop, Los Gusanos, Caramelos de Cianuro, Los Amigos Invisibles y muchas más. También hay quienes aseguran, no sin razón, que fue en los años 70 cuando el rock venezolano adquirió personalidad e identidad propia al fusionarse con elementos autóctonos y que luego eso se diluyó. En ese sentido, Vytas Brenner es un paradigma aún por superar. La realidad es compleja y siempre la perspectiva del tiempo permite analizar mejor una situación particular.

Una ecuación multifactorial

   El rock venezolano, como cualquier otro género que busque la aceptación y consolidación, requiere de público, mercado sólido, apoyo de medios serios, artistas de calidad y en cantidad, infraestructura, lenguaje propio y otros factores. Y, además de ello, dejar la indulgencia y complacencia a un lado.

   Es una ecuación con diversas variables que hasta ahora no han podido conjugarse simultáneamente, pero que, no obstante, ha mejorado sustancialmente varios aspectos. El hecho que hayamos crecido en público, apoyo y profesionalismo no implica, sin embargo, que se haya encontrado una identidad. No se trata de agregar maracas, tambores o ritmos joropeados de manera forzada o hacer versiones de temas folklóricos en clave punk. Los códigos del rock son universales desde hace décadas, la clave diferenciadora tiene que ver con el idioma y el entorno y cuanto de ello contenga una propuesta. Por eso, cabe preguntarse, entre otras cosas, ¿a quien le cantan los grupos que escogen el inglés para expresarse? Si bien es una escogencia válida, su impacto es, necesariamente menor.

   El mundo ha cambiado. Venezuela también, y mucho. La industria musical es otra completamente distinta a la de décadas previas. En nuestro país esa industria nunca llegó a desarrollarse como en otros países, pero tuvo períodos de florecimiento, aunque paradójicamente es ahora –sin disqueras– cuando más discos se editan. Hoy los sellos disqueros no existen y la independencia, para bien y para mal, es la norma. Es el signo de los tiempos. Las nuevas generaciones han crecido con el lema punk de DIY (Do It Yourself = Hazlo tú mismo) una metodología que, gracias a las nuevas tecnologías y al desarrollo de la informática, ha terminado resultando en una opción efectiva sobre la que se ejerce pleno control. Pero, no todo se puede hacer sin apoyo financiero.

¿En que anda el rock venezolano?

   Tras varias décadas de altibajos, en el último lustro la situación ha tomado un rumbo prometedor. Todavía hay mucho por hacer y evaluar en diferentes campos, pero la realidad indica que hay mucha más noción de lo que se busca y para ello hay bastante gente involucrada halando hacia la misma dirección. Desviaciones las hay, falta de identidad también, imitación de algunos modelos sigue habiendo, pero se ha crecido en varios aspectos claves como son: calidad de grabación, ejecución y apoyo. Hay más y mejores ingenieros de grabación, un personaje que generalmente está en la sombra pero que resulta vital. También hay mejores productores, aunque todavía la figura del manager escasee. Los músicos ahora se preparan mejor, probablemente muchos reciban el apoyo de sus padres –moral y/o económico-, cosa que antes ocurría menos al existir mayor brecha generacional y tener el rock una serie de estigmas errados. La proliferación de festivales, programas de radio, blogs y medios impresos en plena retroalimentación ayuda mucho en el proceso de difusión y registro. Y, fuera del país, se nos percibe ya de otra manera.

La imaginería del rock criollo

   Casi desde su aparición, el rock, y en general la música pop, ha estado asociado con ciertos códigos e imágenes, la mayoría de las cuales generadas por su propia dinámica y evolución. La actitud asumida por sus protagonistas, el manejo del componente visual (arte de las carátulas, puesta en escena, videoclips, marketing, iconografía…) o los textos que han acompañado a infinidad de canciones, han ayudado a crear y modelar una imaginería, manejada, eso si, con diferentes niveles de credibilidad y alcance. Venezuela ha estado construyendo la identidad de su rock por décadas y, al parecer, le cuesta encontrarla y cimentarla.

   En Venezuela, como en cualquier nación latinoamericana, el uso del componente mágico-religioso, el humor y la ironía, las raíces mestizas, y la conflictiva realidad socio-política, conforman un cuadro particularmente rico en imágenes, sean gráficas o textuales. En los años 70, muchos músicos venezolanos ligados a la contracultura pop, procesaron las influencias anglosajonas, aderezándolas con elementos autóctonos. La combinación arrojó resultados de elevado valor musical y conceptual, aunque lamentablemente eclipsados por la falta de visión a largo plazo y falta de apoyo. Nombres de bandas como La Fe Perdida adelantaron el escepticismo propio de años posteriores. Fue una propuesta de carácter casi instrumental, La Ofrenda de Vytas Brenner, la que supo interpretar con mayor tino la confluencia de imágenes que produce un país como Venezuela, construyendo una propuesta que combinó acertadamente la imaginería popular con el rock, prácticamente sin utilizar textos.

   En los 80, La Misma Gente mezcló la poesía de corte social con la fuerza del rock –y sigue en eso 30 años después-, mientras que en el lado líricamente opuesto, coexistió PP’s, una desenfadada banda que mezcló el punk, el reggae y el new wave, con una gran dosis de humor. Luego aparecieron algunas de las agrupaciones que mejor han sabido manejar lo metafórico y las imágenes de una sociedad en crisis. Seguridad Nacional y sobre todo Desorden Público y Sentimiento Muerto, retomaron la importancia de los textos y las imágenes asociadas a ellos.

   Durante los años 90, en medio de una creciente crisis económica, Los Amigos Invisibles utilizaron el humor y el morbo sexual, mientras en tiempos recientes Bacalao Men, con una certera fusión de rock y ritmos caribeños, ha venido manejando la desgracia, el humor negro, y el gusto por el buen vivir. De igual manera, Los Mentas diseccionan en sus canciones la forma de ser del venezolano actual, con temas llenos de ironía y humor, mientras Atkinson le canta al amor y a la incomodidad sociopolítica.

La nueva generación

El rock venezolano ha explotado como un volcán. El magma que emana de sus entrañas presenta diversas características, que van del rock directo y contundente de Viniloversus al dance rock de La Vida Boheme. En medio de eso y en la periferia coexiste una inmensa cantidad de propuestas de muy buena calidad, entre las que destacan Los Mesoneros, Americania, Lebronch, Rawayana, Los Que Rezan, Panacea, Tan Frío el Verano, Alfombra Roja, Buenaparte, La Clem de la Clem y un largo etcétera. Además, ha nacido una nueva y muy interesante generación de cantautores como Ulises Hadjis, Jan Pawel, David Montiel, Vargas, y Domingo en Llamas, entre otros. Y a su lado, bandas como Tomates Fritos, Los Mentas, Atkinson, Los Pixel…Vamos en camino.

 

* Editor Revista la Dosis

@jcballesta/ @revistaladosis

 

El espacio Sacven Creativa no se hace responsable de las opiniones emitidas por los escritores  

Disfrutar Caracas

Jueves 2 de Febrero de 2012, 13:32 | Categoría: Nuestros artículos

Yisbel Pérez Díaz*

 

Ciudad convulsionada que apuesta por la asfixia de sus habitantes en todos los sentidos. Sí, ese es el entorno escogido por muchos de nosotros para hacer vida. La premisa: no morir en el intento. Al hablar de muerte me refiero a algo que va más allá de la muerte física, muchos “pateamos” la ciudad pero ya el corazón no palpita. Por instinto buscamos ese hálito de vida, que sirva de excusa perfecta para seguir y sobretodo  para disfrutar  nuestro entorno, pero saltan las interrogantes  ¿Disfrutar qué? ¿Cómo?

A pesar del pesimismo que enceguece, como buenos sobrevivientes en tiempos de caos, conseguimos escapatoria;  la crisis y la creatividad nos impulsan con la misma fuerza, arrojando resultados tan felices como inesperados. Y es que no es fácil pensar  en cultura ciudadana y sus beneficios redundantes en la calidad de vida cuando la ciudad no tiene tiempo para pensar.

Hace pocos días tuve la oportunidad de asistir al II Encuentro de gestores culturales de Venezuela  y qué bueno fue toparse con mentes dispuestas a romper con la cadena de la apatía, y sobretodo abrir los ojos de muchos ante lo bueno que tienen a su paso día a día. Por cada hecho violento surge una iniciativa cultural que nos recuerda que estamos aquí para vivir, para ser felices, para crecer y hacer crecer nuestra calidad de vida. Justo aquí comienzo a observar lo que está pasando en nuestra ciudad y lo tanto que disfruto vivir la historia en gerundio. Centro mi interés en la agenda cultural caraqueña.

Llama profundamente mi  atención la proliferación de restaurantes, librerías, centros de arte, entre otros que están abriendo sus espacios  para el goce estético producido por la confluencia de distintas manifestaciones artísticas. Sumado a eso vale mencionar la creación de centros de arte, los que poco a poco se han convertido en las plazas públicas y han traducido en la actualidad su función originaria: generar encuentro, interacción, disfrute del ocio entre miembros de una comunidad. La calidad de vida de una sociedad es un factor determinante en su crecimiento, en  su productividad y todo esto redunda en transformación positiva y generación de ciudadanos capaces de valorar su entorno y reconocer las oportunidades.

No obstante, apuesto por la multiplicación de espacios culturales mas no su sustitución. Los espacios públicos (entiéndanse plazas,  parques, pasos peatonales, caminerías temáticas por nombrar solo algunos), históricamente han sido insertados en las ciudades para generar interacción positiva entre sus habitantes. La desidia gubernamental y la falta de organización de los habitantes han convertido a los espacios públicos en áreas de peligro para la comunidad, pues el abandono de su mantenimiento y servicios  da luz verde a delincuentes y ciudadanos en condición de calle. La solución más sencilla y segura para la población: crear espacios de encuentro a buen resguardo y habilitar los ya existentes  e impulsar su diversificación.

El gestor cultural José Luis Figueroa nos comentaba en el Encuentro de gestores antes mencionado, que entre las características de un espacio público debemos contemplar  el libre tránsito, la posibilidad de encuentro e interacción social y el  disfrute del ocio. Lo exponía en contraposición a lo que representan los centros comerciales actuales, que si bien permiten la interrelación social y el disfrute, tienen detrás una actividad comercial que lo sostiene, convirtiéndolos así en espacios privados. Estos espacios dados al encuentro y la distracción tienen  auge en sociedades donde la inseguridad juega un rol determinante en la vida cotidiana de sus habitantes. Es justo acá donde me detendré y compartiré con ustedes algunas de las iniciativas con más aceptación en nuestra ciudad, que apuestan a crear y recrear espacios privados con características de espacio público.

  • Java’s  restaurante  en Bello Monte se decanta por la poesía. No teme ofrecer a sus comensales recitales de poesía mientras disfrutan del menú ofertado, sumándoles a sus clientes un valor agregado a la experiencia gastronómica.
  • El restaurante La Guayaba Verde en el edificio Pascal de la avenida Rómulo Gallegos cuenta con una programación permanente donde expresiones artísticas en sus diferentes manifestaciones tienen cabida. Exposiciones de pintura, fotografía, recitales poéticos, conciertos, obras de teatro, tertulias literarias, convierten a este lugar en un centro cultural donde la gastronomía siempre tiene a las artes como invitadas de honor.
  • Discotienda Esperanto Paseo Las Mercedes, ubicado en el Centro Comercial Paseo las mercedes ofrece a sus compradores habituales y visitantes del centro comercial  presentaciones musicales de destacadas agrupaciones venezolanas.
  • Taninos casa de vinos, lo conseguimos en Las Mercedes. Se suma a las propuestas multisensoriales e inicia un ciclo de tertulias denominado “Palabras al vino” donde permitirá a los amantes del jugo de la vid, disfrutar del encuentro con algún escritor.
  • Librerías Alejandría I y II (las Mercedes), Kalathos (Centro de Arte Los Galpones)  y Liberarte (CC Los Chaguaramos) son espacios donde el lector tiene la posibilidad de disfrutar algo más que la compra de su próxima libro. Brindan tertulias literarias, obras de teatro, conferencias, recitales musicales, presentaciones de libros, etc.
  • Mercado Municipal de Chacao, ubicado en la calle Mohedano de Chacao, es, tal como se describe en la página web de Cultura Chacao  “un espacio para el encuentro ciudadano, en donde se pueden hacer las compras y disfrutar de eventos especiales” Se han dado cita en este espacio conciertos, desfiles de modas, ferias de diseño y ferias de gastronomía, charlas entre otras actividades.
  • El Lounge, lo conseguimos en el Centro Comercial Paseo Las Mercedes.  Cada miércoles podemos disfrutar de una copa de buen vino y la variada propuesta de la Movida Acústica Urbana MAU
  • La taguara de los viernes, situada en San Bernardino, sitio de encuentro impulsado por los chicos de Río teatro. Podemos disfrutar de excelente ambiente, cine, música, recitales de poesía y bebidas para alegrar el alma.

No está de más decir que solo tomé lugares que para mi transitar en la ciudad son importantes,  a estos se les suman  muchísimos otros espacios como el Centro de Arte la trinidad, Centro de Arte Los Galpones y algunas galerías de arte en la ciudad.

Hagan su propia lista de esos lugares que nos hablan de vida y disfrute. Hay muchas maneras de “patear” esta ciudad y  de hacer que el corazón palpite.

 

* Gestora cultural

Analista Gerencia gestión cultural sacven

Editora Sacven Creativa

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A propósito de MegaUpload: ideas para establecer un equilibrio necesario

Jueves 26 de Enero de 2012, 16:10 | Categoría: Nuestros artículos

José Rafael Fariñas *

 

En los últimos días se ha generado en todos los medios, especialmente a través de las redes sociales online, una intensa campaña en virtud de dos hechos significativos: el intento de aprobar en el congreso de los Estados Unidos de Norteamérica la Stop Online Piracy Act, mejor conocida por sus siglas en Inglés como Ley SOPA, y el cierre del popular sitio de descargas MegaUpload.

La Ley SOPA es una herramienta legislativa más, que tiene ya sus antecedentes en otros países y con otras denominaciones: la ley Sinde en España, la ley Hadopi en Francia, la Digital Economy Act en el Reino Unido, y el acuerdo comercial multilateral  de lucha contra la falsificación o Anti-counterfeiting Trade Agreement, conocido por sus siglas como ACTA. Algunas convertidas ya en leyes, otras envueltas en complejos procesos de lobby pero en vías de adopción, otras engavetadas o simplemente rechazadas en el proceso de discusión pública y legislativa correspondientes. Lo cierto es que, cualquiera haya sido o sea el destino que les toque en suerte, todas han surgido con las mismas motivaciones y con igual propósito que la ley SOPA: crear mecanismos jurídicos más efectivos contra la utilización ilegal en internet de contenidos protegidos por la propiedad intelectual.

Tanto en lo que tiene que ver con el cierre de MegaUpload como con la Ley SOPA, se distinguen claramente tres grupos de interés: I.- productores e intermediarios de la industria del entretenimiento, II.- los autores y artistas, III.- los usuarios. He aquí sus distintas posturas sobre el asunto:

I.- Productores e Intermediarios de la Industria del entretenimiento. Sostienen que el alojamiento de contenido en un servidor, especialmente películas, videos, canciones, y su consiguiente distribución o intercambio, sin la debida autorización, es un atentado a sus derechos como titulares y particularmente atenta contra la inversión en la producción y comercialización de tales contenidos.

II.- Autores y artistas. Dentro de este grupo hay quienes defienden el sistema del derecho de autor y los derechos conexos, invocando a su favor protección para sus obras y prestaciones, y otros quienes, por el contrario,  se acogen al sistema de las licencias Creative Common. Las licencias CC son, por naturaleza, gratuitas, pero han de otorgarse de manera expresa.

III.- Usuarios. Bien de manera espontánea en la mayoría de los casos, o coordinadas a través de algunos grupos de interés, las reacciones de los usuarios de internet no se han hecho esperar. La consigna es: esta ley SOPA y todas las que se le parecen son un atentado a la libertad de internet. Esta ley SOPA y las acciones tipo MegaUpload eliminan, acaban, pulverizan el derecho de todos a acceder a los bienes culturales, que en internet se intercambian sin restricción, en absoluta libertad. Palabras más, palabras menos, estos son algunos de los argumentos de los usuarios.

Pues bien, sin ánimos de cuestionar las razones legítimas que cada sector tiene para defender su postura respecto a  estos asuntos relativos a la utilización de contenidos creativos en internet, creemos que:

Las diferencias entre los tres sectores se debe a que están inmersos en una estrategia de confrontación, orientada al conflicto, a la negación de los derechos del otro.

La industria del entretenimiento, y muy particularmente los productores de música y audiovisuales, tienen derechos de propiedad intelectual que son incuestionables. Sin embargo, han de asumir de una vez por todas que el sistema actual de distribución de los contenidos debe cambiar, debe adaptarse a la nueva realidad de internet. En esta plataforma digital la gente quiere tener el poder de decidir qué comprar y cuándo comprar. No quiere seguir siendo un espectador pasivo, reducido a simple consumidor de un menú que otros elaboran y ponen a disposición.

La cadena de comercialización, y el resto de los intermediarios han de revisar los costes finales al usuario. En internet no se justifica la puesta disposición de obras literarias, artísticas o científicas a altos precios. Es razonable que se recupere la inversión, pero ello en internet es completamente factible apostando a una fórmula de volumen y precios bajos.

Los autores y artistas también tienen el derecho a la protección de sus creaciones y prestaciones y es legítimo que pretendan recibir una contraprestación económica por su utilización o distribución. Sin embargo, en muchos casos,  esa ilusión se ve truncada con el coste elevado de sus agentes de intermediación, con la firma de contratos de producción y editoriales injustos, por el incremento de la piratería, por el uso indiscriminado de sus obras y prestaciones sin pago alguno.

Finalmente, en cuanto a los usuarios, hay que reconocer sin mezquindad su derecho humano a acceder y disfrutar de las manifestaciones culturales en todas sus modalidades, tal como lo establece el art. 27 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Hay que asumir definitivamente que internet ha desmontado las ideas paradigmáticas en la mayoría de los sectores industriales y comerciales, ha creado otra dinámica, ha hecho de todos nosotros un consumidor de cultura más independiente, más exigente, más libre. Los usuarios de Internet más que al cobro, cuestionan es el sistema. Aún desde este cuestionamiento, los usuarios reconocen que la libertad no implica necesariamente gratuidad, pero si la más absoluta independencia a elegir y compartir. Y de eso se trata.

Ese es el equilibrio que hay que procurar y defender.

Sólo los que no buscan ese equilibrio, los que por razones económicas de un modelo existente  –legal o ilegal- que anteponen con todo su empeño a un nuevo sistema de utilización y distribución de contenido más justo y menos oneroso podrían querer la indefinición del conflicto y asumir sus consecuencias. El resto, que somos la gran mayoría, apostamos más bien  por un internet libre, por unos creadores y artistas mejor remunerados y por una industria de intermediación a tono con la realidad de estos tiempos.

 

*Abogado especialista en derecho de autor
Director General de @sacven
@rafaelfarinas
http://www.rafaelfarinasve.com/

 

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